Cada párrafo de este artículo es una realidad real actual, con información para conocer y data con destinatarios: docentes, sociedad en general, y presentes y próximos gobernantes que accionen e instrumenten políticas para la Soberanía hídrica, antes de la gran sed, inundaciones o mayores sequías.
• Los ríos se manejan desde sus nacientes; de allí que la cantidad de agua que llegue a nuestro país depende de la voluntad de los países Brasil y Paraguay, aguas arriba, más allá del derecho internacional público o de rimbombantes tratados que jamás se cumplen.
• La desinformación provoca daños irresparables en el ambiente, de una Naturaleza agredida que se queda sin un elemento fundamental para la vida: el agua. Y muy pocos miran al río.
• Ocho provincias argentinas son regadas por los caudales de los ríos Pilcomayo, Bermejo, Paraguay, Paraná, Iguazú, Uruguay y De la Plata; es decir, el 50 % de las tierras más fértiles del país y la mitad de la población depende de ellos. Y iqué paradoja! de los siete cursos hídricos nombrados, sólo uno,el Río de la Plata, nace en nuestro territorio.
• Brasil y Paraguay hacen que el río Paraná, con sus afluentes y humedales se estén secando.
• El río Paraná es una cuenca del Plata que nada tiene que ver con la cuenca Amazónica.
• Se cae la costanera de Rosario y no lo ven, se van socavando las bases para sostener puentes y no lo ven.
• La mal denominada "Hidrovía" tiene que tener agua sino es una vis, una carretera
• Cuando bajan el Paraná y el Uruguay, receptores de afluentes, se provoca un efecto tobogán, vuelcan más agua y se secan. Pasa en la cuenca del Río de la Plata, con 1 millón de km2.
Datos contundentes
• Gran convulsión agita al espectro político, financiero y económico por la incertidumbre que generan los intereses entrecruzados en torno del río Paraná. No es para menos: la subcuenca de este pariente del mar es la más importante de la Cuenca del Río de la Plata, la segunda cuenca hidrográfica de América del Sur y la quinta del mundo.
• las actividades que en ella se desarrollan por su condición de ser además el espacio continental natural autárquico más rico del Planeta.
• Hay más todavía, pero no para los porteños y, en particular, para la generación que está en el gobierno que nació, se educó, vivió y vive de espaldas al río: el Paraná es el colector de los caudales más importantes para el Río de la Plata, al que forma junto con el río Uruguay.
• A la vez tiene una condición muy especial que favorece a la República Argentina que casi nadie, y muchos menos desde el poder, pone en su justo valor: el Paraná, luego de recibir y trasladar sus aguas, con sus propios colectores (afluentes y/o tributarios) , ya transformado en un manso curso de llanura, muere en territorio argentino.
• La Argentina, si sus gobernantes lo entendieran, pasaría de ser un país hidro dependiente por su condición de aguas abajo, a una poderosa Nación con aguas finales. Aguas que provienen del Paraná y del río Uruguay, compartido a lo largo de la República Oriental y en su desembocadura, y cuyo manejo también debe ser compartido.
• Agua dulce para un sueño (alusión al sueño de Artigas), texto del exdiputado Hector Dalmau, maestro rural y especialista en el tema, que invitamos a leer, dice 🔽
"La única manera de asegurar la sustentabilidad del Río de la Plata es construyendo una represa entre el oeste montevideano con la provincia de Buenos Aires. No sólo generaría el freno de las aguas y produciría energía, sino que, además de ser un vehículo de comunicación, al asumir la obra ambos estados quedaría afuera todo manejo foráneo.
De este modo, se transformaría un aciago futuro en una realidad inmediata de trabajo y de enormes perspectivas porque haría navegables todos los cursos fluviales desde Jujuy hasta el Río Negro, conectando a éste con el sistema Vinchina, Desaguadero y Colorado. Y cuando digo todos los cursos digo todos.
Podríamos contar con una puerta de entrada y de salida de la Cuenca del Plata, que integran Bolivia, Brasil, Paraguay, Uruguay y la Argentina, o sea 3.170.000 kilómetros cuadrados en total, con el mayor aprovechamiento por nuestro país por la extensión de su territorio hacia el confín patagónico.
Por donde suben y bajan buques y embarcaciones de todos los tipos y tamaños que alguna vez podrán entrar y salir por el Paraná Guazú y/o el Paraná de las Palmas, podrán ir y venir hacia y desde el Orinoco (colombo/venezolano) con las conexiones con Perú, Ecuador y Colombia, que les otorga el Amazonas, tal como está planificado desde el siglo XIX.
Hoy estamos en discusiones sobre peajes, balizas, arenas, canales, dragas, funcionarios, contrabando y narcotráfico sin pensar en el agua, ni siquiera cuando no hay para navegar y en muchas regiones ni para tomar.
Nuestros ríos se forman en el centro de América del Sur, que es como un abanico achatado y que, hasta hace muy poco, estaba cubierto de árboles. Para salir de él por el este, oeste y norte debe trepar montañas muy altas, que no dejan entrar los vientos de los mares (Pacífico-Caribe y Atlántico). Vientos que no pueden entrar para descargar sus aguas en las costas muy lejos del nacimiento de esos ríos, que hasta también hace poco se las arreglaban muy bien con la exudación de las selvas para mantener el ciclo de las aguas, que formaban sus propias nubes y lluvias, a veces duraban un mes, paraban tres días y volvían.
De allí que las selvas en esa región amazónica–platina, crecían y se autoabastecían de agua, que le sobraba para inundar, como en aquellas Corrientes del Niño, que desde 1998 no aparecen.
Era un fenómeno recurrente cada nueve, diez y hasta trece años, tiempo que se tomaban las corrientes cálidas del Océano Pacífico, que corren desde las costas sudamericanas hasta la Polinesia, pero que pegaban la vuelta y traían la humedad que habían llevado. Levaban para allá y las traían para acá, con más las que encontraban en su camino de vuelta. Un montonazo de humedades pasaba por arriba de los Andes y se topaban con el sudor de las selvas. Y generaban las inundaciones del Niño.
En los años de la década de 1950, geopolíticos brasileños comenzaron a pensar en otra misión para la selva y con el tiempo, Menem mediante, llegaron las plantaciones de soja, crianzas de vacas, búsqueda de oro y explotaciones de minas a cielo abierto, lo cual reclama agua, además de energía, razón de la construcción de represas, incluso para navegar. Y mataron a los árboles y desaparecieron selvas y bosques, razones que explican, sequías y escasez de recursos económicos.
Y el agua comenzó a ser una mera materia comercial, negocio de naturaleza yanqui, que cotiza en la bolsa de Nueva York y de la cual en la Argentina sólo se habla.
Se habla y se habla del agua, y ni siquiera hay una proclama por el río Paraná.-

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